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Control de la presion arterial

admin | Consejos | Miércoles, 10 abril 2013

Le dice algo la cifra de ocho millones de españoles? No, no se trata de lo; votantes de un partido político. Son las persona; con hipertensión arterial, aunque sólo la mitad lo sabe. Si el dato es preocupante, todavía lo es más conocer que sólo el 16 por ciento está controlado, es decir, mantiene su tensión por debajo de 140/90 mm/Hg. “Aunque estas cifras deben situarse en 130/80 mm/Hg. en casos de insuficiencia renal o cardiaca o de angina de pecho”, advierte el doctor José Ramón González Juanatey, presidente de la Sección de Hipertensión Arterial de la Sociedad Española de Cardiología.
¿Por qué cuesta tanto agarrar a la hipertensión por las riendas? La respuesta es difícil, porque controlarla no resulta complicado. “Aunque no se cura (a no ser que su causa sea una patología renal, endocrina, etc., algo que sólo ocurre en el 5 por ciento de los casos), se puede controlar, y evitar así las complicaciones cardiovasculares”, afirma González Juanatey.
Respecto a las consecuencias de no tratarla, los expertos que acudieron a la última Reunión Nacional de la Sociedad Española de Hipertensión-Liga Española para la Lucha contra la Hipertensión Arterial, celebrada en marzo en Sevilla, destacan los accidentes cerebrovasculares (trombosis cerebral), cardiovasculares (infarto de miocardio), insuficiencia renal y alteraciones vasculares.

¡Evite los riesgos!
A pesar de no tener una causa conocida en el 95 por ciento de los casos, sí existen factores de riesgo que
aparecen asociados a esta patología. González Juanatey los divide en dos grupos: de base genética y ambientales. Respecto a los primeros, “cada vez se identifican más genes implicados en la aparición de la hipertensión”, señala. Hoy se sabe que la herencia paterna no hace referencia sólo al reloj de pared o a alguna que otra hectárea perdida en el monte: si un padre es hipertenso, su hijo tendrá un 25 por ciento de posibilidades de serlo también. Este porcentaje se eleva al 50 por ciento si los dos progenitores padecen la dichosa enfermedad.
En cuanto a los factores ambientales, el experto “culpa” al tabaquismo, al alcohol, a los niveles elevados de colesterol, a la diabetes, al seden-tarismo, al sobrepeso, a un excesivo consumo de sal y grasas saturadas en la dieta… “Intervenir sobre estos factores ambientales, evitando los riesgos que conllevan, es una estupenda manera de prevenir la hipertensión”, señala.

Galería de fármacos: hay uno para usted:
Si no ha hecho caso del sabio refrán “más vale prevenir…”, y su médico de atención primaria ya ha anotado la palabra “hipertensión” en su diagnóstico, debe saber que existe una amplia gama de fármacos para su tratamiento:
Betabloqueantes: bloquean los efectos del sistema nervioso simpático sobre la vasculatura y el corazón, disminuyendo así la tensión. González Juanatey los recomienda para los pacientes jóvenes y para los que han sufrido un infarto o una angina, aunque advierte de sus posibles efectos secundarios: “cansancio, extremidades frías y alteraciones metabólicas (colesterol, glucosa)”.
Diuréticos:
ayudan a los ríñones a eliminar sal y agua del organismo, reduciendo el volumen de líquido y, así, la presión arterial. Son menos eficaces en ancianos, según el experto, que destaca como principales complicaciones algunos efectos metabólicos (lípidos, glucosa, ácido úrico).
Calcioantagonistas: inhiben la entrada de calcio en el músculo cardiaco y en el liso vascular, lo que induce la relajación de los vasos sanguíneos y la reducción de la presión arterial. Aunque pueden producir edemas periféricos y sensación de calor, el cardiólogo los aconseja para hipertensos con angina.
Inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina (IECA): dilatan las arterias y mejoran el filtrado de los ríñones.
¿Resultado?: disminuyen la tensión. González Juanatey los considera fármacos de elección en hipertensos con disfunción renal, insuficiencia cardiaca y en postinfartados. Su “pero” es que pueden provocar ataques de tos.
Antagonistas de los receptores de la angiotensina II (AIIA): son la novedad, los últimos en incorporarse al arsenal terapéutico antihipertensivo. Bloquean el receptor de la angioten-sina II, una hormona de poderosos efectos vasconstrictores, capaz por sí sola de aumentar la tensión arterial. Son aconsejables para enfermos renales y con insuficiencia cardiaca, y no presentan efectos secundarios relevantes, según el experto. El primer AIIA en aparecer fue el losar-
tan, al que han seguido otros más evolucionados: valsartán, irbesartán candesartán, telmisartán…
Ante la llegada de estas nuevas generaciones de fármacos, los tradicionales se han renovado, apareciendo así nuevos betabloqueantes, diuréticos y calcioantagonistas de excelente perfil terapéutico, en opinión de González Juanatey. Lo normal es que estos medicamentos normalicen sus cifras tensionales; “si lo consiguen, será suficiente con que se realice un control cada seis meses”, apunta el cardiólogo.

Duerma, tome aceite y muévase:
Pero no sólo los fármacos pueden mantener a raya su hipertensión. Existe una serie de hábitos saludables capaces de situar la tensión arterial dentro de los límites aceptables, siempre que la hipertensión que usted padezca suela superar en un punto el nivel aconsejado (es decir, si ronda los 150/100 mm/Hg.). En general, pueden hacerla disminuir entre 8 y 10 mm/Hg. si se siguen
Íde forma habitual: Controle su peso: un 30 por ciento de los pacientes hiper-tensos son obesos. Reduzca su ingesta de calorías y de grasas para evitar la vasoconstricción y la retención de sodio.
¡Cuidado con las cañitas!:
aunque en pequeñas dosis tiene un efecto protector, el alcohol en exceso eleva el riesgo cardiovascular.
¡A sudar tocan!: el ejercicio es un vasodilatador, reductor de la presión diastólica y mejora el metabolismo lipídico. Practique ejercicio aeróbico 2 o 3 veces por semana durante 20-30 minutos.
¿Sal? La justa: no tome más de 6 gr. de sal por día. Y ojo con los productos ricos en sodio: precocinados, enlatados y procesados.
Adios al tabaco: eleva el riesgo cardiovascular y su nicotina tiene un efecto presor directo agudo.
No se estrese: la relación entre el estrés y los niveles de presión arterial elevados están más que comprobados. Así que no se altere y sométase a técnicas de relajación.
Duerma ocho horas: un estudio de la Universidad de Pavía (Italia) subraya la importancia de dormir 7-8 horas al día. Hacerlo menos puede provocar una subida de la presión arterial al día siguiente.
Llene su despensa de aceite de oliva: una dieta rica en aceite de oliva reduce la tensión y mejora la respuesta vasodilatadora vascular, según F. Pérez Jiménez, catedrático de Medicina Interna de la Universidad de Córdoba.
¡Ojo a ciertos fármacos!: si toma anticonceptivos orales, esferoides, antiinflamatorios (de forma crónica) o simpaticomiméticos, tenga cuidado: tienen un efecto presor.
No se pase con el café: la cafeína contrae los vasos sanguíneos, aumentando la tensión.

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