
La obesidad
Hemos sopesado los riesgos a que se expone: lumbago y lum-bociática. A causa de su extremado arqueamiento, le está prohibida la obesidad bajo pena de grandes problemas a nivel de las últimas vértebras lumbares y de la charnela que forma con el hueso sacro.
También le están prohibidos los esfuerzos intempestivos de llevar cargas pesadas sobre los «ríñones», y la posición del cuerpo inclinado hacia delante conservando las piernas rectas: tiene que aprender a doblar las rodillas y ponerse en cuclillas.
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La vida sedentaria
Usted forma parte, junto con su complementario Mercurio, de las cabezas bien llenas (y también bien hechas). Cultiva a placer su natural afición por la trituración de ideas, afición que ejerce preferentemente entre cuatro paredes, ya se trate de lectura, de crucigramas, cifras y letras, juegos de sociedad, versificación, contabilidad, etc.
Para finalizar, y esto es muy importante, no olvide darse un respiro de vez en cuando, entre dos ejercicios* cerebrales. Si no, correrá el riesgo de chamuscar sus neuronas y le saldrá humo de la cabeza.
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Evite el aburrimiento
En el otro extremo de los tres peligros precedentes, el aburrimiento es su enemigo mortal. No le daremos ningún consejo sobre este tema, puesto que tiene el admirable don de deshacerse de los inoportunos y los pelmazos que tienen la poca delicadeza de hacerle perder el tiempo. Esta es la razón por la cual, en cierto modo, escapa a menudo de los problemas de salud que amenazan su libertad de acción y su disponibilidad. Mejor que nadie, conoce el arte de evitar posibles gripes que le llevarían al terrible calvario de tener que guardar cama.
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El viento
Según la medicina china, el viento de la primavera pone en movimiento la energía yang: la suya ya lo está excesivamente y lo que le conviene es frenarla y dominarla; el viento travieso, el viento perverso, altera la energía del hígado y disminuye sus defensas. Su caparazón ya de por sí frágil corre el riesgo de agujerearse y dejar paso a los agresores que provocarán las afecciones respiratorias y neuromusculares a que hacíamos referencia anteriormente. Escoja pues, siempre que pueda, climas suaves, al abrigo de los vendavales que barren la hojarasca y los arbustos.
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La agitación
Necesita animación, pero la agitación le perjudica por las mismas razones que el viento: acelera aún más el ritmo de sus intercambios vitales, perturba su delicado equilibrio nervioso y que, pues, la relajación o el yoga, en alternancia con los deportes que le atraen de por sí (tenis, squash, motor, esquí, ajedrez, actividades todas ellas de intercambio, elaboradas, técnicas, alternativas).
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La gula
En los capítulos precedentes ya pusimos de relieve su oralidad; aquí añadiremos que esta tendencia se complementa con un marcado gusto por lo bello y lo bueno. Para ser justos diremos que sacrifica de un modo natural la cantidad a la calidad: es goloso/a, ciertamente, puede que incluso sibarita, pero no glotón/a. De todas formas, aunque esté lejos de alcanzar las redondeces juveniles o matriarcales del tipo Luna o el sobrepeso característico del tipo Júpiter, podría engordar poquito a poco y ver cómo sus caderas de sílfide se recubren de antiestética ce-lulitis, lo cual decepcionaría mucho a sus admiradores/as.
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La lujuria
No está cerca de un pecado capital; Venus da venial, y no mortal. Este último sólo llega a producirse con un erotismo llevado a un estadio de paroxismo y de cronicidad que, con los tiempos que corren, resulta severamente castigado, aunque las viruelas de los libertinos de los tres últimos siglos no tenían nada que envidiar al SIDA (síndrome de inmunodeficiencia adquirida) del siglo XX.
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La pereza
Comparte con el tipo Luna una clara tendencia a la inactividad; pero contrariamente a este último, que se deja arrastrar a la pasividad, el venusiano eleva la pereza al rango de un arte que usted podría muy bien elogiar. Es un arte que cultiva sazonándolo con sus defectos complementarios, la gula y la lujuria, y también con algunas cualidades como la gracia, la estética, el gusto, el don de escuchar, el sentido de la convivencia, llegando a alcanzar puntos álgidos de indolencia, placer, gusto por la vida.
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Acostarse tarde
Es un hombre (una mujer) de mañanas. Si quiere seguir siéndolo, es mejor que siga acostándose temprano. Trasnochar no le sienta nada bien, especialmente si al día siguiente tiene que estar en forma. Puede que sus padres le hayan acostumbrado
a ir a dormir pronto. Cabe preguntarse si no es este uno de los secretos de su buena salud y de su talla atlética: se ha demostrado, científicamente, que la máxima secreción de la hormona del crecimiento durante la infancia se produce durante las horas de sueño antes de la medianoche. Aunque ya no se segreguen más hormonas de este tipo en la edad adulta, no pierda esta buena costumbre y así conservará su excelente forma física hasta una edad avanzada.
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Abusar de su franqueza
Su franqueza al hablar es tan legendaria como su impetuosidad. Bravo, es una cualidad poco corriente y mucho menos extendida que la hipocresía, pero no abuse de ella, especialmente con interlocutores frágiles. No todos tienen su armazón de hierro y su insensibilidad a los golpes, ya sean físicos o psicológicos. Aprenda a detectar la vulnerabilidad en los demás y, si tiene un poco de estima por algunos, no les dé sistemáticamente allí donde más les duele. Medite el proverbio según el cual «No toda la verdad debe decirse».
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